Tia Loles

Mujer, Enjuta, Callada e Inteligente.
Su pasión Amurrio.
Su añoranza Sestao.
Sus amores la familia.
Hermana de Isi, Mary y Angelita.
Hija del “Maño” al que adoraba.
Se adelantó a su tiempo.
Trabajadora al máximo.
Feminista sin igual.
Madre amantísima.
Tía Loles me siento orgullosa de ser tu sobrina.
Me has enseñado a ser paciente observadora y familiar.
De tu casa de Amurrio
conservo los mejores recuerdos de mi vida
qué quedarán en el Cosmos para siempre.
Tía Loles sigue así.

Marzo 2009

Una mañana en el Regato

Las cinco amigas, vestidas de domingo y a la salida de misa de diez menos cuarto en la parroquia de Santa María de Sestao, decidieron ir a pasar la mañana al Regato, un barrio de Barakaldo entre el río Galindo y el pueblo de Trapagaran.

Las prendas de vestir y sus zapatos no eran los más adecuados para ir a buscar cerezas, ya que el lugar era montañoso y lodoso. Vestían faldas plisadas escocesas o grises de franela, con zapatos combinados blancos y azules o mocasines rojos. Por su parte, las chaquetas eran blasier azules o grises.

Pero lo menos importante era el atuendo en aquel domingo. Lo que las animaba era ver a sus amigos lejos de las miradas de las madres, que paseaban alrededor del quiosco de la música.

Las cinco amigas estaban encantadas y felices bajando la cuesta de Galindo, para después pasar las vías del tren de Triano y así entrar en el barrio del Regato, para poder encontrarse con sus amigos y comenzar la excursión.

El cabecilla del grupo llevaba una hermosa ‘tximbera’ para asustar a los pájaros del lugar. El grupo disfrutaba  de la excursión, hablaba y comentaba lo que les había sucedido a cada uno de ellos durante la semana.

En el barrio había casitas pequeñas con sus huertas y árboles colmados de cerezas. Eran las cerezas más rojas y grandes de la zona, qué digo de la zona, ¡del mundo! Los chicos las recogían de las ramas para entregárselas a las niñas.

El grupo pasaba así la mañana del domingo. Las cinco amigas y los chicos volvían a casa hacia el mediodía para dar buena cuenta de la comida dominical, que solía consistir en sopa de cocido con garbanzos, carne con tomate y pimientos, y de postre flan casero.

Y a esperar al próximo domingo para volver a repetir la escapada.

Abril, 2008


Con cariño para mi amiga Begoña